Cómo el ejercicio regular puede proteger el cerebro frente al alzhéimer y la demencia

El envejecimiento conlleva múltiples cambios en el organismo, incluido el funcionamiento del cerebro. Aunque la aparición del Alzheimer y otros tipos de demencia no puede prevenirse por completo, existen hábitos saludables que pueden retrasar o reducir el riesgo de su aparición. Uno de los más importantes y respaldados por la evidencia científica es el ejercicio físico regular.

¿Qué relación existe entre el ejercicio y la salud cerebral?

La actividad física no solo fortalece el cuerpo, sino que estimula el cerebro de forma directa. Al moverse, el organismo mejora la circulación sanguínea, lo que permite que el cerebro reciba más oxígeno y nutrientes. Además, el ejercicio estimula la liberación de sustancias como:

  • BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro): favorece la neuroplasticidad y la creación de nuevas conexiones neuronales.

  • Endorfinas y serotonina: mejoran el estado de ánimo y reducen el estrés, factores también asociados a la salud cognitiva.

  • Insulina y glucosa en equilibrio: lo que reduce el riesgo de enfermedades vasculares y metabólicas, factores clave en el desarrollo de demencia.

Beneficios concretos del ejercicio en la prevención del Alzheimer

Numerosos estudios han demostrado que las personas mayores activas presentan:

  • Menor riesgo de deterioro cognitivo leve

  • Retraso en la aparición de síntomas de Alzheimer

  • Mejores resultados en pruebas de memoria, atención y razonamiento

  • Menor atrofia en regiones cerebrales clave como el hipocampo

¿Qué tipo de ejercicio es más beneficioso?

No se trata de entrenamientos intensivos, sino de incorporar actividad física adaptada y constante. Las opciones más recomendadas incluyen:

  • Caminatas diarias (30 minutos, al menos 5 veces por semana)

  • Ejercicios de equilibrio y coordinación, como el tai chi

  • Entrenamiento de fuerza con peso ligero o bandas elásticas

  • Bicicleta estática o natación, si es posible

  • Baile y gimnasia suave en grupo, que también aportan beneficios sociales y emocionales

Claves para mantener la constancia

  • Fijar horarios regulares, como si fuera una cita importante

  • Realizar ejercicio en compañía para mayor motivación

  • Elegir actividades agradables y adaptadas a la condición física

  • Combinar el ejercicio con estimulación cognitiva (como leer, aprender algo nuevo, jugar a juegos de memoria)

Conclusión

El ejercicio físico es una herramienta poderosa, segura y natural para cuidar el cerebro en la vejez. No solo ayuda a prevenir enfermedades como el Alzheimer, sino que mejora la calidad de vida general. Cuanto antes se integre en la rutina diaria, mayores serán sus beneficios a largo plazo. Cuidar la mente comienza por mover el cuerpo.